La promesa del presidente de EE.UU. de llevar el crecimiento a una tasa anual del 4% es más exigente ahora que sabemos que la economía creció un 1.6% el pasado año, un punto menos que en 2015 (2.6%), y el menor de los cinco últimos años.
Puede ser el desconcierto y no la calma la causa de la aparente estabilidad con la que se recibe la avalancha de acontecimientos cuyas consecuencias resultan imposibles a corto plazo de evaluar.
En estos tiempos, en los que comprar títulos de renta fija a muy largo plazo que devuelven menos de lo invertido, se ha convertido en uno de los mejores negocios financieros, es importante no perder el anclaje que da el sentido común, aunque tarde lustros en pasar factura. Ocurrió con la inversión inmobiliaria donde se hizo mucho dinero sin pensar en quién pagaría la cuenta; hasta que lo supimos.
La UE tiene retos a raudales, pero el que abriría el abandono británico sería la gestión de la ejemplaridad que evitase que se abriesen frentes semejantes.
Los economistas no solemos dedicar demasiado tiempo a lo contrafactual. Bastante tenemos con los hechos –argumentamos- como para analizar las consecuencias de los no hechos.
La expectativa de subida de tipos en EE.UU. vuelve a dibujarse próxima en el horizonte. Los mercados no se entusiasman pero es un síntoma de normalización y eso es una buena señal a pesar de todo.
El Banco de España ya tiene en sus arcas 140.000 millones de deuda pública comprada a bancos por ejecución del mandato lanzado por el BCE. Las compras van a continuar, ahora con deuda empresarial.
El comportamiento del dólar en el primer trimestre del año no ha respondido al consenso general de búsqueda de la paridad frente al euro. ¿Es momento de revisar los pronósticos?
La pérdida de confianza de los inversores en el poder remanente de los bancos centrales en la aplicación de sus políticas monetarias no convencionales aparece en todos los inventarios
Va a resultar que la política monetaria ultra expansiva ha llegado a un punto en el que cuanto más avance en territorio negativo, más deterioro arriesga con provocar en el sistema financiero
Si hay tantos dispuestos a poner tanto dinero en fórmulas mágicas a pesar de las advertencias, ¿no es acaso más fácil entender el atractivo que despiertan las fórmulas simples del populismo?
Depende del observador. Es lo que ocurre a la hora de valorar cualquiera de las medidas de respuesta a la crisis. Y no es distinto hoy, uno de esos días marcados con color en las agendas. Los mercados se preparan y lo reciben de un modo, y los ciudadanos de otro, por considerar solo a aquellos que nos preocupan más. Los políticos con nombre y apellidos, sean del país que sean se van y los problemas o soluciones que generan sus medidas se quedan. Para bien o para mal de ciudadanos y mercados. Lo que va a hacer el BCE, y salvo sorpresa mayúscula que es muy difícil pues no está el horno para bollos, ya lo conocemos.
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