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Una larga secuencia de procesos electorales, previstos e imprevistos, está dando un carácter singular a 2024. Hasta la fecha, están siendo relativamente bien digeridos por los mercados, que, no obstante, tratan de anticipar las consecuencias económicas a las que, a largo plazo, pueden inducir. No podemos hablar de que hayan desatado hasta el momento crisis destacada alguna, y eso a pesar del creciente protagonismo de propuestas radicales.
Si algo puede ponerse a prueba en los próximos días es hasta que punto Francia ha venido contando con el "privilegio exorbitante" de ser drmasiado grande para caer y hasta donde ese privilegio puede estirarse.
Estamos ante la primera e inesperada consecuencia del resultado de las elecciones europeas. Confiemos en que lo que hayamos de vivir en las dos próximas semanas no sea preludio de mal provenir.Las primeras facturas del resultado electoral europeo están empezando a llegar. El euro ya lo está pagando.
Corresponde aventurar sobre lo que viene, y esta semana es la Reserva Federal, pero también lo que nos deja la semana anterior: interpretar al BCE y las consecuencias de las elecciones en México.
El jueves llega el primer recorte en la eurozona, el julio habrá pausa, y en septiembre, de nuevo recorte. Si no fuese así, el riesgo de que algo se rompa aumenta.
El hecho de que la economía norteamericana esté ofreciendo síntomas incipientes de moderación del crecimiento está dando entrada de nuevo a los teóricos de la recesión. La narrativa clásica de acción/reacción vincula el discurso y decisiones de los bancos centrales, a la evolución de los precios que se cruzan en el mercado. Así, si los tipos van a subir o a bajar, entonces bla, bla, bla… Podríamos responsabilizarlos de la volatilidad que resulta de lo que dicen y hacen. Pero también lo contrario; que son los propios mercados los que, buscando anticiparse a cambios de criterio y discurso de los bancos centrales, generan esa volatilidad.
El creciente nivel de deuda no es solo un dato financiero sino un elemento crucial que afecta a la estabilidad al tiempo que condiciona las decisiones políticas y económicas futuras.Las tres últimas ediciones de The Economist titulan así su portada: “Europa en peligro mortal” (4/5), “El nuevo orden económico” (11/5), “¿Está América a prueba de una dictadura” (18/5). No aparenta que concilien mucho con nuestro anterior análisis que titulábamos “Peor no estamos”. Depende de donde se sitúe el observador.
La economía mundial está saliendo de un periodo difícil y en mejor posición de lo que nadie esperaba, Sin embargo, la gente ve amenazas a largo plazo, lo que genera descontento y desconfianza. Después de un periodo de angustia en el que pusieron en riesgo su credibilidad y prácticamente se veían abocados a llevar a las economías a una recesión, los responsables de los bancos centrales, cuyo compromiso, -recordemos-, es controlar el ritmo de variación de precios y no su nivel, respiran tranquilos.
Un dólar fuerte crea problemas en todas partes y cada país se va zafando como puede. Japón interviene, China cambia su política y Europa se declara no dependiente. La temperatura está subiendo,
La espera que pueden permitirse los norteamericanos resulta ser un creciente quebradero de cabeza para otros. Aumenta el riesgo de inestabilidad entre divisas. Unos tipos de interés más altos durante más tiempo no suponen una amenaza inmediata para la economía norteamericana. La Reserva Federal declara “depender de los datos” y a la vista de los que se van publicando, esa declaración está más que justificada.
Mientras en Washington se conspira, el peso mexicano es un buen ejemplo de cómo una generosa remuneración y un favorable entorno político sirven para superar importantes conflictos latentes. Tipos de interés y geopolítica son los vectores que explican lo sustancial de lo que mueve los mercados desde hace meses. Así se explica por qué, independientemente de la situación económica de cada país, son, la situación relativa y expectativas de evolución de sus tipos de interés, junto a la cercanía a focos o influencia de conflictos, los factores más permanentes y relevantes.
El Banco Central Europeo se ha puesto la venda tras el último IPC norteamericano y los mercados han entendido el mensaje: no hay más remedio que ir por delante, para el uro vienen curvas.Han sido 24 horas críticas. Las que van entre la publicación del IPC norteamericano de marzo y el final de la reunión del BCE. La moneda ha estado rodando por la cornisa durante mucho tiempo y finalmente se ha decantado. Los europeos pasamos antes,
Mirando en retrospectiva, la sincronización monetaria dejó la temida guerra de divisas inversa en algo modesto. También los primeros pasos de la actual relajación monetaria estarán sincronizados, pero ¿y después ?
¿Ha ahabido algún día en el que haya querido volver a meter a ese genio en la botella? "Por supuesto", respondió el presidente de la Reserva Federal norteamericana antes de hacer una pequeña pausa y añadió "no, por supuesto, no". El tipo de cambio es el precio relativo entre dos divisas y, por lo tanto, depende de las condiciones monetarias en una y otra economía. Constantes los demás factores, cualquier cambio inesperado en los tipos de interés, implica un ajuste, provocando una apreciación en la divisa que ofrece una remuneración relativa mayor.
Publicaba Financial Times estos días en abierto, un muy interesante trabajo interactivo donde mostraba el cambio de inflación y tipos de interés en prácticamente todos los países del mundo desde el inicio de la pandemia.
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