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“No queremos ajustar demasiado porque recortar las tasas no es algo que queramos hacer pronto”. Así se pronunciaba el presidente de la Reserva Federal el miércoles pasado, certificando, a ojos del mercado, que en la reunión del 13 y 14 de diciembre se pondrá fin a la serie de cuatro alzas consecutivas de 75 pb, abriendo un periodo de alzas más moderadas de 50 y 25 pb, aunque sin vislumbrarse si esto significa un camino más lento para llegar a la tasa terminal, o que esta pueda ser finalmente más baja. O quizá más alta. Tan abiertas se mantienen las opciones.
| David Solomon, presidente ejecutivo de Goldman Sachs. |
Sin duda la gran noticia en los mercados es del retroceso de la tasa interanual de inflación de octubre en EEUU. La respuesta ha sido tan amplia como para que apenas los criptoactivos, que han de atender a su propia expiación, se quedasen al margen.
Conforme nos vamos acercando a la parte final de la actual fase en la política monetaria, y una vez que se da por asentado que los bancos centrales harán lo que sea necesario para reconducir la inflación a niveles compatibles con su objetivo, hemos de prepararnos para adentrarnos en un territorio de incerteza.
| El Rey Felipe VI con Christine Lagarde en la sede del Banco Central Europeo en Franfurt. |
Esta semana el BCE volverá a subir los tipos en 75 pb, otro paso más para llegar en diciembre a territorio "neutral" con un tipo de depósito del 2 %. Esta es la parte más sencilla de un trabajo que para ser resuelto va a necesitar bastante más que ir subiendo los tipos. Se va a precisar mucha fontanería para revisar el funcionamiento de todos los mecanismos que se pusieron en marcha en los tiempos en los que el objetivo era asegurar la liquidez al sistema, mecanismos plagados de acrónimos que tardamos en comprender y que ahora están actuando en sentido contrario al objetivo de endurecer las condiciones de liquidez.
No hay duda de que la inflación sigue obstinadamente alta en EE.UU. con una tasa subyacente del 6.9% de promedio en los seis últimos meses y solo algo más moderada de media en los últimos tres, pero todavía al 6%. El dato de inflación de septiembre fue peor de lo previsto. Hasta el 10 de noviembre ya no se publicará el dato de octubre, y para entonces, ya habrán tenido lugar las elecciones legislativas de mitad de mandato.
Que la OPEP haya decido recortar su oferta en 2 Mill de barriles (se producen diariamente 100 Mill), es una mala noticia para los precios cuando el mundo se encuentra embarcado en el propósito de reducir la inflación.
La amenaza de uso de armas no convencionales en Ucrania ya salta a los análisis de los medios económicos, todavía a nivel de hipótesis y sin entrar en consideraciones económicas, muy difíciles de hacer por otra parte. Hay que ir 60 años atrás, a la crisis de los misiles de Cuba, para encontrar comparables con la preocupación que despierta en la opinión pública. Aquello se resolvió en días. La crisis actual no parece de resolución tan inmediata.
Reino Unido se aventura en una arriesgada apuesta de incierta salida. La presentación de un presupuesto extraordinario la semana pasada propició una nueva sacudida a la baja de la libra esterlina que perdió la referencia de 1.10 frente al dólar por primera vez desde 1985.
No se puede decir que al euro le vayan bien las cosas. Cualquiera que tenga que comprar diariamente divisa, casi cualquier divisa, se acordará de los pronósticos que se hacían para estas alturas del año, y sentirá como si le doliesen las muelas.
Australia, Brasil, Reino Unido, India, Nueva Zelanda y Noruega. Todos ellos han subido tipos en agosto en 50 pb. México e Israel en 75 pb. Al margen de la heterodoxa Turquía, solo China los recortó en 5 pb. Aunque se han dado registros mensuales negativos en los datos de julio en un buen número de economías, sobre todo europeas y en EE.UU., los datos interanuales de inflación de los principales países siguen en el entorno del 9%, cifra que casi o más que se duplica en algunos países del este europeo.
| Christine Lagarde (BCE) y Jerome Powell (Reserva Federal USA) en Sintra. |
Cuando tienes que llegar a un acuerdo entre 19, y además presumes de que lo que allí se adopta es unánime; o se da una alineación de astros, cosa rara, o no hay modo de ser unánime si no es como resultado de una negociación. Es sabido que un buen acuerdo exige que todas las partes se levanten con la sensación de haber cedido algo. Y no hace falta ser un lince para intuir que, en la reunión del BCE del jueves, la trascendencia de lo que allí se discutía exigía de cesiones por todas las partes.
Otra semana más, y ya va la tercera, de fuerte apreciación del dólar. El USD Index, en el que el euro pesa un 58%, empieza a dibujar tras el 4% de subida en las últimas tres semanas una especie de parábola ascendente casi vertical en la que también colabora la rápida depreciación del yen, con un peso en el índice del 13.5%.
La ruptura de la paridad en la relación del euro con el dólar tiene más valor simbólico que económico, pero la apreciación del dólar es un factor desestabilizador añadido sobre la economía mundial.
Siempre se busca donde hay algo de luz. Buscar donde no la hay, es perder el tiempo. Imaginemos los escenarios extremos y elijamos el nuestro. Será algo en el medio.
Ponemos mucha atención en las políticas monetarias y en el discurso de los bancos centrales, tratando de interpretar hasta donde están dispuestos a llegar en hechos y palabras. Pero imaginemos por un instante un escenario sin riesgo de pandemia, sin cierres en China, sin guerra en Ucrania ni sanciones contra Rusia y donde no hay escasez de personal.
El BCE no tiene un extraordinario desempeño en cuanto a la eficacia de su comunicación. Esto se pone de manifiesto más intensamente en periodos de agitación en los mercados. Son muchos años de atender a las señales que envían los bancos centrales y que se utilizan como argumentario básico para las decisiones de los inversores. Podemos excusar esta dificultad en la necesidad de conciliar diecinueve distintos intereses y visiones del papel de un banco central.
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