Felipe VI necesita mucho más para ir enterrando lo peor del pasado familiar, aparecer en su papel de jefe de las Fuerzas Armadas, y evitar que las nuevas y despiadadas guerras políticas entre todos los partidos le salpicaran en su función de Jefe del Estado. Hasta ahora lo ha conseguido pese a tener que asistir a un claro deterioro de la vida pública, la desaparición de líderes y partidos políticos, cinco elecciones generales, tres elecciones autonómicas y otras tantas municipales y dos elecciones europeas.
El papel de la Reina Sofia, que había sido más silente que influyente durante 40 años ha cambiado y se ha vuelto por activo, al igual que lo está siendo, con más lentitud y cuidados, el de sus dos hermanas, Elena y Cristina, ambas separadas y con hijos de muy diferente y acusado perfil social. La dificultad de “encajar” en ese puzzle de egos, intereses, forma de entender el papel que les corresponde a cada uno, todo ello encaminado a lograr que la Monarquía perdure en España y no sea sustituida por una nueva República - como ya lo fue en dos ocasiones en siglos pasados - que podría llevar al país a una completa fragmentación territorial, ha tenido un precio para la mayoría de las personas que han acompañado al Rey en ese camino, con cambios importantes en el esquema de personal de la Casa Real, con una clara apuesta por una nueva “generación de confianza” que necesitaba a su lado.
Si el once de abril de 2012, en Africa, marca el primer adiós del Rey Juan Carlos, que esperaba mantenerse en el trono unos años más pese a las presiones que llevaba recibiendo desde ámbitos políticos, económicos y hasta de parte de la nobleza europea; el 18 de junio de 2014 es la fecha que dentro de apenas dos meses marcará esa década de reconstrucción de nuestra Monarquía.
Puede que no sea para siempre, puede que más pronto que tarde una reforma de la Constitución plantee la tan temida respuesta por parte del pueblo español: Monarquía o República. Puede que la hoy Princesa de Asturias no llegue a reinar - eso mismo dijeron de su abuelo y de su padre - pero lo cierto es que Felipe de Borbón ha sacado a la institución que representa del profundo hoyo en el que estaba metida.