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Si el presidente del Gobierno quiere que la gran compañía estratégica de este país, que es Telefónica, mantenga su españolidad frente a la llegada de la saudí STC de Bin Salman y los grandes fondos norteamericanos con Black Rock a la cabeza, necesita llegar a acuerdos accionariales con el presidente de Criteris y máximo accionista de Caixabank.
En las elecciones autonómicas de 2020 la mitad de los vascos que tenían derecho a votar se quedaron en casa. Cuatro años antes acudieron a las urnas un diez por ciento más. Este próximo 21 de abril veremos si sube o baja el porcentaje del evidente desencanto electoral de los ciudadanos de Euskadi por su propio gobierno.
Un simple cambio en la ley electoral reduciría la tensión política y los problemas entre autonomías y entre partidos. La ley es injusta en la representación política y otorga, desde los inicios de la democracia, un exagerado beneficio a los partidos nacionalistas, en contra de las formaciones con presencia en toda España.
Una boda dentro de la familia Borbón es un motivo tan bueno como cualquier otro para que el Rey Juan Carlos de un paso más en su regreso a España desde las arenas del desierto. Un paso necesario tras su voluntario exilio en Abu Dahbi y ya con la Princesa de Asturias como heredera legítima de Felipe VI. Un seguro para la Monarquía ante los nuevos ataques centrados en la Reina Letizia, por un lado, y el lodazal que envuelve a los partidos.
Los diez millones de españoles que viven en Euskadi y Cataluña, que hablan un mal español (castellano) y un aceptable vasco y catalán votarán en el próximo mes y medio por tener a 210 representantes de la soberanía popular de sus territorios en sus dos Parlamentos. pensarán que votan por sus señas de identidad, por unas mayores dosis de gobiernos, por mejores servicios sociales, por más protección para los mayores, para más inversión en educación y sanidad. Es lo que les habrán dicho desde la derecha del PNV o Junts a la izquierda de Bildu o la Cup. Les estarán mintiendo, como llevan haciendo desde hace 40 años. No les descubrirán su verdad oculta: todos los votos independentistas son síntomas de dos graves enfermedades endémicas y difíciles de erradicar, el egoísmo y el rencor.
Defender la “creación” de dos Estados, uno palestino y otro israelí, en la zona que lleva en convulsión desde hace mil quinientos años, es el sueño de una paz imposible; de la misma forma que resulta imposible - por las mismas razones - que se consiga una paz duradera en Ucrania y por extensión en el centro de Europa. Tanto Putin como Netanyahu están prisioneros de la geografía de sus países y la mejor explicación de esas dos condenas está escrita a comienzos del siglo XX por un holandés de origen y norteamericano de adopción llamado Nicholas John Spykman. Su teoría de los anillos geoestrategicos, que defenderían más tarde desde Foster Dulles a Brzezinsky y Kissinger, es la guía de la política exterior de Estados Unidos en los últimos cien años.
Si el presidente del PP quiere convertirse en presidente del Gobierno sólo tiene un camino: lograr la mayoría absoluta en unas elecciones generales. Lo consiguió José María Aznar y lo logró Mariano Rajoy. Esa es la esperanza de la derecha a nivel nacional. Sin esos 176 escaños en el Congreso conseguidos por sí mismo, el Partido Popular se encuentra con dos agujeros negros que le penalizan en su objetivo de gobernar en España.
Se alimentan los medios de comunicación, nos alimentamos los periodistas de las peleas de taberna que protagonizan cada día los representantes del pueblo. Vemos cada día sus caras crispadas, sus insultos, sus descalificaciones, sus deseos de acabar con los adversarios. Justo lo contrario de lo que la mayoría de lo¡s ciudadanos desearíamos de aquellos que hemos elegido para servirnos, con el Gobierno a la cabeza, con el presidente del mismo a la cabeza, cumpliendo con su misión de buscar el acuerdo, el pacto, el diálogo con la oposición, por más brava y poco justa que crea que se está comportando.
La Asamblea fundacional de Sumar, cargada de discursos tan altisonantes como vacíos, confirma que el proyecto de Yolanda Díaz es una Resta política para la izquierda que soñó en destronar al PSOE de la hegemonía de ese espacio sociológico de la vida pública española. Sólo votó un 11% de los supuestos “afiliados” al proyecto y la realidad, la cruel realidad para la vicepresidenta segunda del Gobierno de Pedro Sánchez es que se ha convertido en una dirigente prescindible. Su base de poder, que se alimenta de los rescoldos de lo que fue Podemos, se circunscribe a los 10 diputados del Congreso que se dicen de Sumar.
El 13 de noviembre de 2003, ante 20.000 personas que llenaban el Palau Sant Jordi, el presidente del Gobierno y Secertario General del PSOE, José Luís Rodríguez Zapatero, cerraba la campaña electoral catalana con la frase que ha perseguido a todos los políticos y a todos los partidos desde entonces: “Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”.
Vivió desde una posición privilegiada - su puesto como espía de la KGB en Berlín - la destrucción de la antigua URSS y la caída en picado de Rusia, ya desde San Petersburgo, también como espía, pero dando los primeros pasos en su ascenso hacia el Kremlin. Vladimir Putin se ha sucedido a sí mismo por quinta vez ganando las elecciones presidenciales con casi un noventa por ciento de los votos, incluidos los de las Repúblicas del Donest anexionadas durante la guerra de Ucrania.
Le empujaron a abdicar y abdicó. Le dijeron que no podía seguir siendo Rey y lo aceptó. Le convencieron de que la única forma de salvar la Monarquía era dejarla en manos de su hijo y entregó la Corona a Felipe VI. Díez años más tarde los escándalos de los partidos, los cambios de liderazgos en los partidos y la crisis constitucional han convertido a España en un país de locos, en una jaula de grillos en la que los insultos y ataques personales entre diputados en todas las Cámaras parlamentarias han roto la convivencia impidiendo el necesario diálogo democrático entre el poder y la oposición.
En menos de un año como máximo tendremos elecciones autonómicas en Cataluña, con Aragonés por ERC e Illa por el PSC peleando por la presidencia, al margen del resto de los partidos y los necesarios pactos que lleven a sumar mayorías absolutas. Cita con las urnas que se sumará a las de Euskadi y Europa, con el llamado “problema catalán” como eje de todos loos programas y manifiestos electorales. Tendremos toda la guerra sucia entre los partidos como ya se ve con el estallido de la compra de mascarillas en 2020, que se extenderá, tal y como ha acordado el Congreso, a investigar a 17 gobiernos autonómicos y a alguno de los Ayuntamientos importantes del país. Al final siempre aparece Cataluña.
Cinco socialistas reunidos a comer en Toledo para hablar de sus cosas y de su partido no debería ocupar titulares nacionales como si de una conspiración se tratara, pero lo ha hecho. El presidente de Castilla La Mancha y tres de sus colaboradores más cercanos se han sentado en uno de sus restaurantes históricos de la antigua ciudad imperial con Felipe González.
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