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| El vicepresidente yanqui, JD Vance con el secretario de Exteriores británico, David Lammy, en la Conferencia de Seguridad de Munich. |
Ya aceptan que se busque la paz en Ucrania, algo que negaban hasta hace apenas más semanas, pero lo que buscan los líderes europeos con su posición frente al movimiento de Donald Trump de llamar a Vladimir Putin para negociar el fin de las muertes, sentados los negociadores en la “neutral” Arabia Saudí, es engañar de nuevo a los ciudadanos de sus respectivos países. Aceptan que la Ucrania de 2022 no será la de 2025 y que Rusia no se marchará del Donbas, ni de Crimea, pero insisten en el peligro que para la democrática Europa de los 27 países, más la tránsfuga Gran Bretaña , representa la Federación rusa. Quieren aumentar el gasta en defensa, quieren producir más armas, pero no dicen que será a costa de las inversiones en sanidad, en educación, en pensiones, en seguro de desempleo. Adiós a las medidas sociales, bien venido el renacido espíritu belicista en unos países que, como Alemania, Francia y Gran Bretaña están inmersos en unas crisis políticas y económicas de difícil solución.
La verdad está en el dinero. La paz en Ucrania se va a firmar y lo que unos y otros están discutiendo bajo la mesa es el reparto de la reconstrucción. Rusia se va a quedar con el Donest, que ya es parte de su territorio, pese a que Sánchez y Albares digan lo contrario., al igual que lo asegura el responsable político de la OTAN, Mark Rutte, el holandés que durante años nos colocó a los españoles como los “vagos” de Europa, sin mirar hacia el interior de su país, convertido en un encubierto paraíso fiscal. El menos indicado para predicar co el ejemplo.
La escenificación fue perfecta. Yolanda Díaz, en su papel de vicepresidenta segunda del Gobierno y “poli buena” en su defensa del salario mínimo, aseguró que no se había enterado de la propuesta fiscal de María Jesús Montero, vicepresidenta primera del mismo Gobierno y “poli mala” al querer que los que perciban el SMI tengan que tributar a Hacienda dentro del IRPF. Dos millones y medio de personas en toda España a los que la subida, si tienen que trasladarla a sus impuestos apenas les proporcionará entre cien y trescientos euros más al año. En términos nacionales, la representada pelea entre la número dos y la número tres del Gobierno, se mueve en una media de 500 millones más de gasto para el Estado. Doscientos cincuenta por debajo, setecientos cincuenta por arriba, una minucia para un techo de gasto en este año se 195.353 millones de euros. En lenguaje de la calle, una mierda.
Entre el 28 de octubre de 1982 y el 23 de julio de 2023 nada ha cambiado en la fuerza política que tienen en el Congreso de los Diputados los partidos nacionalistas catalanes y vascos. Si en las primera victoria del PSOE, con mayoría absoluta de 202 escaños, Convergencia i Unió conseguía 12 escaños, el PNV 8, Euskadiko Esquerra 1 y HB otro, para un total de 23; en la derrota socialista de las últimas elecciones generales, convertidas en victoria parlamentaria para mantener a Pedro Sánchez al frente del Gobierno, ERC consiguió 7 escaños, Junts los mismos, Bildu 6 y el PNV 5, en total 25. Conclusión: el mapa nacionalista en las dos grandes Comunidades con mayores señas identitarias no hay cambios en 40 años, con una gran importancia a la hora de formar Gobiernos del Estado salvo cuando el PSOE o el PP han logrado mayorías absolutas.
El llamado estado palesino es una entelequia, no existe, entre otras poderosas razones por su falta de capacidad para mantener su territorio y poder negociar con otros estados. Es una situación que nace en 1948 y que se mantiene. Hablar de dos estados suena a broma y es lo que repiten una y otra vez las mismas naciones que han permitido el desastre de Gaza, un desastre que corre el riesgo de repetirse en el futuro dada la imposible amistad entre Israel y las Naciones árabes que lo rodean.
Si Pedro Sánchez está dispuesto a mantener viva la actual Legislatura, que terminará en el verano de 2027, ya sabe que tendrá que aguantar las investigaciones, los posibles cierres de los sumarios que están en curso y la apertura de juicios orales - salvo que se acumulen los recursos ante cada una de las iniciativas judiciales por parte de las defensas - contra la mayoría de los investigados, entre los que se encuentran su esposa y los que son o han sido dirigentes políticos de su máxima confianza.
Nada de lo que está pasando en las relaciones de Venezuela con España se explican sin lo que ocurrió en ese país durante los mandatos del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez y el lider del PSOE y presidente del Gobierno español, Felipe González. Los niveles de corrupción en Venezuela aumentaron año tras años, hasta llegar al golpe de estado de Hugo Chávez, y prosiguieron después. Nicolás Maduro en 1983 tenía 21 años y conducía autobuses mientras que Hugo Chávez estaba en la carcel como consecuencia del fallido golpe militar cora Carlos Andres Pérez tres años antes. Chavez salió de prisión en 1994, indultado por el democristiano Rafael Caldera y el resto llega hasta nuestros días, a ambos lados del Atlántico. Los nombre de Rumasa, de Ruíz Mateos, de Miguel Boyer y de Gustavo Cisneros se fueron convirtiendo en sombras, pero las sombras no desaparecen del todo.
El fin de semana del dos de febrero de 2025 para el socialismo español aparecerá como una fecha a recordar en su historia. Su Secretario General y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conseguía colocar dos nuevos pilares en el futuro del PSOE y en el suyo propio.
El “omnibus” que atascó durante unos días la aprobación de las medidas sociales del Gobierno sigue su camino, con alguna vagón suelto que se ha quedado en el camino, pero con la estructura principal sin tocar. El presidente del Gobierno ha ganado mientras que el presidente del PP ha perdido. Sánchez dijo que no lo cambiaria, ni se sometería a una moción de confianza y ha logrado ambas cosas tras volver a pactar con Carles Puigdemont, la enésima vez y que no será la última. El fugado a Waterloo es una especie de vicepresidente en la sombra al cual se le consulta antes de que salga decreto alguno del Consejo de Ministros. Por el contrario, Alberto Núñez Feijóo ha tenido que aceptar la situación por miedo a enfrentarse a los colectivos más débiles, pensionistas, jubilados y ayudas a Valencia por la Dana, tal y como le pedían algunos de sus barones territoriales, con el andaluz Juanma Moreno en cabeza.
En esta especie de Casino Royal en el que se ha convertido la vida pública española, desde la aprobación del super decreto “Omnibus”a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2025, las negociaciones para que el Gobierno consiga vencer, por 176 votos al menos a ese nuevo acuerdo enre las derechas españolistas de Feijóo y Abascal, y la derecha independentista de Puigdemont, se parecen a una parodia del final estruendoso de las tragaperras escupiendo millones de dólares en la tercera parte del “remake” que rodó Steven Sonderberg entre 2001 y 2007. Solo hay que cambiar a Geoerge Clooney por Pedro Sánchez, algo difícil pero la imaginación no tiene límites.
El intento del Gobierno de aprobar de una tacada varios decretos leyes, que nada tenían que ver los unos con los otros, ha fracasado. La nueva “operación Omnibus” se parece más a una trampa parlamentaria que a un deseo real de sacar adelante los decretos más sociales, los que hacen referencia al aumento del salario mínimo, las pensiones, las ayudas gubernamentales a los afectados por la Dana y las ayudas al transporte.
Laa presidenta de la Comunidad de Madrid vuelve a tomar la delantera a su jefe político. Mientras Alberto Núñez Feijóo y su equipo e confianza se plantean qué hacer ante el ciclón político que ha llegado a la Casa Blanca, Isabel Díaz Ayuso ha felicitado a Donald Trump por su llegada a la presidencia de Estados Unidos y le ha dicho que en Madrid tiene su “segunda casa” frente a ese BRICS encubierto que según Trump es Pedro Sánchez. No se trataba de una equivocación o de un error grosero en la política internacional. En washngtón saben muy bien que los BRICS son Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, juntos pero no revueltos en sus intereses y situaciones internas, la intención de colocar en ese espacio global a España. Es una amenaza a tener en cuenta.
El presidente del PP ya tiene a su peor enemigo a las puertas de su casa política y no es Pedro Sánchez. La fiesta que está acompañando a la llegada de Donald Trump, junto a su inseparable Elon Musk como cabeza de la nueva oligarquía tecnopolítica que ha tomado el poder en la primera potencia mundial, demuestra que Estados Unidos puede que no quiera nada al actual gobierno español, en el que coloca a socialistas y comunistas de la mano, pero que tampoco lo convence el primer partido de la oposición. El amigo español de Washington se llama Santiago Abascal.
El presidente del PNV quiere dejar resuelto el problema de su sucesión antes de la Asamblea general del partido, que se celebrará a finales de marzo. Su candidato es el portavoz en Madrid, Aitor Esteban, quien ya ha dicho que para él “sería un honor presidir el partido” en el que milita desde siempre. Si Andoni Ortuzar consigue su objetivo, que es impedir que el ex-lendakari Iñigo Urkullu ocupe su cargo, lo anunciará en los tres próximos días. Tiene todo a su favor pero si ve las dificultades puede que de marcha atrás y se vuelva a presentar.
En una semana Donald Trump tendrá a su lado para intentar cumplir con sus deseos de cambiar el mundo a nueve de los diez hombres más ricos del mundo, todos ellos dueños de las principales empresas tecnológicas de ese mismo mundo. Los algoritmos son la auténtica fuerza del poder y desde Elon Musk a Steve Banner ese mundo que avanza a enorme velocidad, con la Inteligencia Artificial aplicada a todos los procesos económicos, sociales y personales, es el que quiere desafiar Pedro Sánchez. Un imposible incluso para China y Rusia. Para el presidente del Gobierno español otra forma de mirar a Europa y a América Latina como si del gran escapista Houdine se tratara. Europa se ha convertido en el último cadaver de la Democracia que ha regido en Occidente desde hace doscientos años, tanto por su falta de visión como por sus enormes defectos internos a la hora de repartir el poder. La descomposición es interna.
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